LLANURA DE PALMARIA » Crónica de una manipulación anunciada y fallida. Por Curro.

CRÓNICA DE UNA MANIPULACIÓN ANUNCIADA Y FALLIDA

Nos reunimos en la cafetería habitual, en la que, por cierto, se come cada vez peor; tendremos que buscar otra.

Los Palmaris asistentes éramos Diego, Erik, Fina, Iuris, Guillermo, mi Capitán, el gran Pelanpe, Ana Moradillo, Lorelma Casiano, Angel Antón, su hijo, que es un cielo de niño, Elena Bartolomé y yo mismo (creo que no me olvido de nadie). A la una menos veinticinco nos tiramos por la calle Jorge Juan p’abajo y, una manzana y media antes de llegar a la plaza, alguien vio y nos señaló a Estéban González Pons y Javier Arenas, que nos precedían unos metros mas abajo, acompañados de un grupo numerosete de gente, supongo que escoltas. Luego supimos que también iban Floriano (no bajes mas la mano, no seas desagerao) y otros peperitos y que, esta vez, no habían tenido webos de bajar andando los trescientos metros que hay desde Génova 13. Me salió del alma y me puse a gritar con mi destemplado vozarrón, pero bien audible y estentóreo, MARIANO TRAIDOR, MARIANO DIMISIÓN, coreado al unísono por todos los Palmaris. Y así les estuvimos siguiendo y gritando unos cincuenta metros, mientras apresuraban el paso y agachaban la cabeza, hasta que se confundieron con la multitud que abarrotaba el lugar. Luego supimos que tuvieron que transitar por un pasillo humano hasta el escenario, en el que se habían apostado víctimas y también Peones Negros, que los pusieron a caldo, sobre todo a la salida del acto. La anticoncentración estaba diseñada para que fuese lo menos numerosa posible, para que no se escuchase la voz de las víctimas críticas con el Jodierno y para desviar la indignación popular hacia Estrasburgo, la Ausencia Nacional, los jueces progres y “políticos” en general. Pero también, sobre todo, para lavarle la cara a este marianismo zETApedista. El propósito les resultó fallido, como se verá. El acto en si fue vergonzoso, nada que ver con ninguno de los diecinueve anteriores a los que he asistido. Peroró al principio Isabel San Sebastián, que estuvo correcta, algo blandita y que ni nombró a Mariano, al gobierno ni a su querido exPP. Tras una serie de preguntas que lanzó al aire, tomó aire para continuar y yo aproveché el fugaz silencio para gritarle: PREGÚNTALE A MARIANO. Y la chati me oyó, porque estábamos bastante cerca del escenario; entonces salió con el consabido sonsonete de “por favor, pido respeto para las víctimas”. Pero nadie me increpó ni se puso a aplaudirle a ella. Esto me envalentonó y da una idea del ambiente que había en la plaza. En cualquiera de las concentraciones y manifas anteriores, me habrían linchado los circunstantes. Los discursos estaban preparados y entrenados para que no hubiese pausas que permitieran a la gente expresar su indignación. La megafonía era potentísima y enseguida pusieron a todo volumen una cancioncilla moderneta, pretendidamente emotiva y cursi, ñoña, horteroide y empalagosa hasta el hartazgo. Sin solución de continuidad, la Sanse empezó a presentar una a una a ocho víctimas y cada una iba contando brevemente su historia. Curiosamente sacaron a una víctima del cuartel de Zaragoza, que no tenía, afortunadamente para ella, ningún familiar entre los muertos. Y yo me acordaba de Alcaraz y sus familiares, preteridos y ocultados por esta gentuza. Y entonces salió la Pedraza. Si no fuera porque perdió a su hija en el 11-M, le llamaría lo que es: una verdulera asnalfabestia, codiciosa, arribista, envidiosa, impía y miserable. Pero me callo y no lo digo. Antes de que hablase, los Palmaris nos pusimos a gritar MARIANO TRAIDOR y se nos oía bien. Una señora protestó, un hombre se apartó de nosotros, pero los demás, o callaban o incluso algunos nos hacían gestos de simpatía, como unos matrimonios que tenía a mi izquierda. El parloteo de la Pedraza sonaba falso, pese a lo mucho que intentaba impostar la voz y a los muchos aspavientos de fingidas firmeza y dignidad que atentaba. La interrumpieron varias veces, una de ellas nosotros, que nos pusimos a gritarle, rítmica y fuertemente ALCARAZ ¿DONDE ESTÁ? Hasta dos veces tuvo que escudarse en el manido respeto a las víctimas, del que carece absolutamente, incluyendo a su hija asesinada. La pusimos muy nerviosa, se trabucó varias veces y repitió párrafos enteros. Finalizó el acto con el ondear de banderas a la Marcha Real.

Sobre la postmanifa, comida de hermandad y demás palmarieces de rigor, ya os informará algún otro que pueda, que yo voy mu aperreao.

Vale.

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