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DCCCIV ANIVERSARIO DE  “LA BATALLA”

Las Navas de Tolosa, Lunes, 16 de julio de 1212.

 

Se cumplen hoy (Por ayer, 16 de julio, que me fue imposible por motivos familiares) los VIII** siglos de la batalla más decisiva frente al poderío musulmán en España, a partir de la cual, quedó definitivamente decidido el signo de la Reconquista a favor de los reinos cristianos del norte peninsular, frente a los restos del poder almohade que sucediera al otrora potente y sanguinario califato de Córdoba.
Se produjo este acontecimiento tal día como hoy, también lunes*, del año del Señor de 1212, despachados los expedicionarios franceses e ingleses que habían acudido a la llamada de Cruzada por su sanguinario comportamiento en las ciudades castellanas por las que atravesaron, a las que sometieron a pillaje y saqueo de su población, especialmente a la población judía de las mismas, a la que pasaron a cuchillo una buena parte.

 

Fue a iniciativa del dolido por las recientes derrotas de Uclés y Alarcos, Alfonso VIII de Castilla, quien solicitó y obtuvo del Papa Inocencio III la consideración de Cruzada y coordinó la acción, participan en la gesta tropas de todos los reinos españoles: Aragón, Castilla, León, Navarra y Portugal, al frente de las cuales acudieron y se lanzaron a la batalla los reyes Alfonso VIII de Castilla, Pedro II de Aragón y Sancho VII de Navarra. Los de León, Alfonso IX, y de Portugal, Alfonso II, no acudieron personalmente, aunque sí permitieron la participación de tropas leonesas y portuguesas en “la Batalla”, al frente de lo más granado de la nobleza.

 

PLANO DE LA BATALLA

Plano de la Batalla
Destaca igualmente la participación del Arzobispo de Toledo, Don Rodrigo Ximénez de Rada, así como la de Don Diego Lopez II de Haro, Señor de Vizcaya y Alférez de Castilla, quien dirigió el grueso de las tropas expedicionarias frente a las del Califa Muhammad Al-Nassir (Miramamolín para los cristianos) que duplicaban en número a las cristianas y ocupaban una posición más privilegiada en lo alto de un cerro en las proximidades de la actual Santa Elena (Jaén), que atacaron cuesta arriba en un alarde de valiente y decidida gallardía, por la fe cristiana y la dignidad, mancillada por las recientes derrotas sufridas a manos almohades en Uclés y Alarcos.

 

La carga de las últimas líneas de las fuerzas cristianas, al mando personal de los reyes de Castilla, Aragón y Navarra, junto al Arzobispo Ximénez de Rada, fue definitiva para el triunfo de las tropas cristianas, que estaban sufriendo duros reveses en su avance hacia lo alto del cerro donde se situaba la tienda y cuartel general del Califa Muhammad Al-Nasir, que fue tomada por el aguerrido rey de Navarra, en un descuido del flanco de la caballería almohade.

La primera consecuencia de esta batalla, fue el principio del fin de la hegemonía musulmana en la Península Ibérica, que entra en su declive definitivo. A partir del Lunes de las Navas, la Reconquista tomó un nuevo impulso que produjo en los siguientes cuarenta años un avance significativo de los reinos cristianos peninsulares, que conquistaron casi todos los territorios del sur bajo poder musulmán. El reducto musulmán del reino de Granada es realmente anecdótico, pues no suponía peligro alguno, siendo como era, además, tributario del Reino de Castilla.

 

Conmemoremos hoy -por ayer- este DCCCIV centenario de la batalla más decisiva de la Reconquista al grito que impulsó a los españoles (leoneses, castellanos, navarros, portugueses) frente al poderío musulmán, en una Cruzada, que además es el preludio de la progresiva unificación dinástica de los reinos españoles, que comienza con la unión definitiva de los reinos de Castilla y León en la persona de Fernando III el Santo, que sucede a Alfonso VIII en Castilla y a Alfonso IX en León. A ésta se uniría en 1469 la unión de esta corona con la de Aragón, que incorpora los reinos de Valencia y Mallorca y los condados catalanes de Barcelona, Tarragona, Urgel, Besalú y otros.

 

CADENA que sujetaba a los esclavos que defendían la tienda de Al Nassir (Miramamolín para los cristianos) rota por el rey de Navarra.

En 1512, trescientos años después se produce la incorporación de Navarra a la corona de Aragón en la persona de Fernando II de Aragón, vencedor en la lucha dinástica por el trono de este viejo reino peninsular, que fue el primero en concluir su Reconquista, al quedar encajonado entre los de Castilla y Aragón, desgajado del reino de Navarra como condado, posteriormente reino, como sucediera a Castilla respecto de León, sucesor de Asturias.

 

Finalmente, ese largo sueño acariciado por todos los reyes españoles, de una entidad política peninsular fuerte, se consigue con Felipe II, legítimo sucesor del reino de Portugal, en 1580, momento cumbre en la expansión territorial de España, que no tuvo colonias, sino que fue ella misma en los siete mares y cinco continentes.

 

Hagámoslo al grito entonado por las gargantas de los españoles que se enfrentaron en desigual batalla al poder musulmán:

 

 

Santiago matamoros.

¡SANTIAGO Y CIERRA, ESPAÑA!

 

* Entrada publicada en 2012, fecha del VIII Centenario de la Batalla, que también cayó en lunes.

 

Wolfson

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VIII SIGLOS DE LAS NAVAS DE TOLOSA

Se cumplen hoy los VIII siglos de la batalla más decisiva frente al poderío musulmán en España, a partir de la cual, quedó definitivamente decidido el signo de la Reconquista a favor de los reinos cristianos del norte peninsular, frente a los restos del poder almohade que sucediera al otrora potente y sanguinario califato de Córdoba.

 

Se produjo este acontecimiento tal día como hoy, también lunes, del año del Señor de 1212, despachados los expedicionarios franceses e ingleses que habían acudido a la llamada de Cruzada por su sanguinario comportamiento en las ciudades castellanas por las que atravesaron, a las que sometieron a pillaje y saqueo de su población, especialmente a la población judía de las mismas, a la que pasaron a cuchillo una buena parte.

 

Fue a iniciativa del dolido por las recientes derrotas de Uclés y Alarcos ,Alfonso VIII de Castilla, quien solicitó y obtuvo del Papa Inocencio III la consideración de Cruzada y coordinó la acción, participan en la gesta tropas de todos los reinos españoles: Aragón, Castilla, León, Navarra y Portugal, al frente de las cuales acudieron y se lanzaron a la batalla los reyes Alfonso VIII de Castilla, Pedro II de Aragón y Sancho VII de Navarra. Los de León, Alfonso IX, y de Portugal, Alfonso II, no acudieron personalmente, aunque sí permitieron la participación de tropas leonesas y portuguesas en “la Batalla”, al frente de lo más granado de la nobleza.

 

plano de la Batalla

Destaca igualmente la participación del Arzobispo de Toledo, Don Rodrigo Ximénez de Rada, así como la de Don Diego Lopez II de Haro, Señor de Vizcaya y Alférez de Castilla, quien dirigió el grueso de las tropas expedicionarias frente a las del Califa Muhammad Al-Nassir (Miramamolín para los cristianos) que duplicaban en número a las cristianas y ocupaban una posición más privilegiada en lo alto de un cerro en las proximidades de la actual Santa Elena (Jaén), que atacaron cuesta arriba en un alarde de valiente y decidida gallardía, por la fe cristiana y la dignidad, mancillada por las recientes derrotas sufridas a manos almohades en Uclés y Alarcos.

 

La carga de las últimas líneas de las fuerzas cristianas, al mando personal de los reyes de Castilla, Aragón y Navarra, junto al Arzobispo Ximénez de Rada, fue definitiva para el triunfo de las tropas cristianas, que estaban sufriendo duros reveses en su avance hacia lo alto del cerro donde se situaba la tienda y cuartel general del Califa Muhammad Al-Nasir, que fue tomada por el aguerrido rey de Navarra, en un descuido del flanco de la caballería almohade.

 

La primera consecuencia de esta batalla, fue el principio del fin de la hegemonía musulmana en la Península Ibérica, que entra en su declive definitivo. A partir del Lunes de las Navas, la Reconquista tomó un nuevo impulso que produjo en los siguientes cuarenta años un avance significativo de los reinos cristianos peninsulares, que conquistaron casi todos los territorios del sur bajo poder musulmán. El reducto musulmán del reino de Granada es realmente anecdótico, pues no suponía peligro alguno, siendo como era, además, tributario del Reino de Castilla.

 

Conmemoremos hoy este VIII centenario de la batalla más decisiva de la Reconquista al grito que impulsó a los españoles (leoneses, castellanos, navarros, portugueses) frente al poderío musulmán, en una Cruzada, que además es el preludio de la progresiva unificación dinástica de los reinos españoles, que comienza con la unión definitiva de los reinos de Castilla y León en la persona de Fernando III el Santo, que sucede a Alfonso VIII en Castilla y a Alfonso IX en León. A ésta se uniría en 1469 la unión de esta corona con la de Aragón, que incorpora los reinos de Valencia y Mallorca y los condados catalanes de Barcelona, Tarragona, Urgel, Besalú y otros.

 

En 1512, trescientos años después se produce la incorporación de Navarra a la corona de Aragón en la persona de Fernando II de Aragón, vencedor en la lucha dinástica por el trono de este viejo reino peninsular, que fue el primero en concluir su Reconquista, al quedar encajonado entre los de Castilla y Aragón, desgajado del reino de Navarra como condado, posteriormente reino, como sucediera a Castilla respecto de León, sucesor de Asturias.

 

Finalmente, ese largo sueño acariciado por todos los reyes españoles, de una entidad política peninsular fuerte, se consigue con Felipe II, legítimo sucesor del reino de Portugal, en 1580, momento cumbre en la expansión territorial de España, que no tuvo colonias, sino que fue ella misma en los siete mares y cinco continentes.

Hagámoslo al grito entonado por las gargantas de los españoles que se enfrentaron en desigual batalla al poder musulmán:

cintabandera

¡SANTIAGO Y CIERRA, ESPAÑA!

VIVA ESPAÑA!

cintabandera

Esperamos vuestra visita en Palmaria en L.D.

Gracias por hacerlo.

Peón Negro 100

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Hace tres años que no se escucha el martillo golpear la madera ni la sierra produce ese olor a viruta fresca ni se apilan en las paredes los aperos de labranza recién terminados esperando a ser retirados por sus dueños, esos útiles destinados a extraer de la tierra los escasos frutos que está da en un clima tan duro como en esta tierra denominada por los romanos despectivamente como Palestina (tierra de filisteos, cosa que hiere profundamente al pueblo judío allí asentado desde tiempo inmemorial)…

El carpintero, ese hombre de maneras sencillas, de mirada limpia, que vive con madre en una pequeña casa de adobe y madera, cerró la puerta de este taller tras echar una última mirada cariñosa a su interior…

¡Cuantos recuerdos emanan de ese lugar, junto a su padre como maestro artesano!

Horas de cortar, lijar, dar forma a los maderos…de convertir trozos de árboles en cuencos donde depositar la comida el fallasha que labra de sol a sol la tierra o esa simple cuna, apenas cuatro listones clavados entre sí.

Madera y clavos… ¡Triste presagio!

Cerró la puerta, atrancó con una pequeña cuña y una piedra como martillo 30 años de su vida y partió para recoger todo Israel, para anunciar a cojos, a viudas, a leprosos rechazados y rameras desesperadas que Alguien los amaba tal como eran y que, por ese amor, su vida daba un cambio…

Intuye que su tiempo va a ser corto, que su final no es el que sueña en esos ratos de retiro y oración a la sombra de unos olivos o a la ribera del lago de Genesaret, donde sus ojos se pierden en esa lejanía tan conocida y amada por este joven rabí.

Le guía el sentido de hacer la voluntad de su Padre. No desea otra cosa, no puede vivir si no hace eso que piensa debe hacer… Es el destino que se ha impuesto a sí mismo.

Los doce que le siguen de cerca y otros muchos que aparecen y desaparecen del grupo no entienden siempre que hable del camino recto, del sufrimiento para llegar al cumplimiento, del perdón a la prostituta, que no lance la primera piedra él que es tan puro y que emana esa autoridad que nadie ha tenido hasta ahora.

Ve que se acerca su tiempo. ¡Qué rápido han pasado estos tres últimos años!. ¡Cuantos sucesos guardan sus retinas y qué de emociones pugnan por salir de su corazón de cumplidor de la Ley!…

Pero es preciso que las profecías que hablan de él se cumplan, porque al cumplirse, al precio que sea, se hará la voluntad de ese Padre al que ama sobre todas las cosas.

Estos últimos días les habla a los suyos, rudos pescadores, cambistas e incluso gente de duro pelaje político de amor, esperanza, cumplimiento de la voluntad del Padre a través del sufrimiento…

No siempre le entienden, pero él, incansable, les explica una y otra vez las Escrituras para abrirles los ojos.

Se queda unos momentos mirando al frente, al horizonte algo lejano, con esos ojos que transmiten una inmensa paz y ve tres cruces clavadas en la tierra de un montículo… siente un escalofrío, pero acto seguido, se levanta, sacude su túnica y dice a los suyos:

-¡Ea, vayamos a Jerusalén a dar cumplimiento a la voluntad de mi Padre!…

 

Por CAMINANTE

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