Hemeroteca de la sección “Victimas de ETA”

EN MEMORIA DE CINCO MAGNICIDIOS

Hasta el del Almirante Carrero Blanco, habían sido cuatro los Presidentes de Gobierno asesinados en España:

  1. D. Eduardo Dato e Iradier (8/3/1921)
  2. D. José Canalejas y Méndez (12/11/1912)
  3. D Antonio Cánovas del Castillo (8/8/1897)
  4. D. Juan Prim y Prats (30/12/1870)

      D Luis Carrero Blanco (20/12/1973) hizo el quinto.

¿Hay nación que presente tanto magnicidio en el lapso de apenas un siglo?

Si hacemos un repaso de las fechas, vemos que se corresponden siempre con momentos críticos de nuestra reciente Historia:

  •  D. Juan Prim, liberal, asesinado el 30 de diciembre de 1870, es principal valedor de la entronización en España de una nueva dinastía que no estuviera afectada de los vicios de la hasta entonces reinante, la de los Saboya, diciembre de 1870. Su muerte, antes de llegar el nuevo rey a Madrid, es un claro aviso de que no se acepta esa entronización por los más afectados por el cambio dinástico. El principal sospechoso como inductor de su asesinato mediante apuñalamiento y estrangulamiento, como recientemente se acaba de concluir en un estudio criminalístico de la Universidad Camilo José Cela, dirigido por el investigador D. Francisco Pérez Abellán, es el Duque de Montpensier, cuñado de la destronada Isabel II. Tras ella y ante la inseguridad e inestabilidad de nuestros dirigentes políticos se implanta la I República Española, que ensayó diferentes formas de República: unitaria, asamblearia, federal…, derivando en cantonal, con guerras civiles entre los diferentes cantones, de entre los que destaca el de Cartagena, por ser importante base de nuestra Flota, que se sumó a ese cantonalismo.
  •  D. Antonio Cánovas, conservador, es asesinado el 8 de agosto de 1897, mientras “tomaba las aguas” en el Balneario de Cestona, en Mondragón, por un dizque anarquista italiano, Angiolillo. A su muerte, Sagasta, con el que se había estado turnando en el Gobierno merced a los pactos entre ambos y la Corona, liquida el resto de nuestra presencia extrapeninsular en América y Asia, en una guerra fundamentalmente naval, en la que a la Flota se le impidió utilizar el submarino, ya construido su primer prototipo y probada su eficacia. Crisis profunda de 1898.
  • D. José Canalejas, liberal, que se enfrento al establecimiento del servicio militar obligatorio y a la supresión del impuesto de consumos, mejoró la legislación social e intentó resolver la cuestión catalana con un proyecto de Mancomunidad preparado con la colaboración de Enric Prat de la Riba. En materia de orden público, hubo de emplear la fuerza para reprimir el intento de sublevación republicana de 1911 (motín en la fragata Numancia y sucesos de Cullera) y la huelga ferroviaria de 1912. Ordenó la ocupación de Larache, Arcila y Alcazarquivir en respuesta a la ocupación francesa de Fez. Las negociaciones que inició con los franceses conducirían, poco después de su muerte, al establecimiento de un protectorado conjunto en Marruecos. Las campañas de África, nos van a llevar al Desastre de Annual.
  •  D. Eduardo Dato, conservador, es asesinado por más de 20 disparos el 8 de marzo de 1921 en un atentado llevado a cabo por los militantes anarquistas Pedro Mateu Cusidó, Luis Nicolau Fort y Ramón Casanellas Lluch desde un sidecar en marcha en la Puerta de Alcalá de Madrid. La situación en España es crítica igualmente; bate recordar la inseguridad, el pistolerismo, tanto anarquista como patronal en Cataluña. El Desastre de Annual cierra ese ciclo, que daría paso dos años más tarde a la Dictadura de D. Miguel Primo de Rivera, tratando de recomponer lo que se estaba desmoronando por la corrupción de los viejos partidos del turno.
  • Supuso este período un respiro de paz interior y exterior, dedicado a la construcción de la nueva España: obras públicas como carreteras, ferrocarriles, pantanos, escuelas, universidades, recintos deportivos, regadíos, etc.
  • A este período sucede la malhadada II República, instaurada mediante tres Golpes de Estado, los dos primeros mediante las armas, fallidos, y un tercero mediante la manipulación de las urnas y de la propaganda, unidos al desafecto de la población, favorecieron una II República sectaria, antidemocrática, genocida, que finaliza en una guerra civil entre los partidarios de la sovietización de España y los defensores de una España con identidad propia acuñada a lo largo de los siglos; con dos guerras civiles además entre los primeros por el control de lo que quedaba de esa nefasta república, que hoy pretenden mostrarnos como idílica, paradisíaca, donde reinaban la democracia y la libertad, que era justo lo que se echaba de menos.

Las vueltas que da la vida, Zapatero. A estas alturas pretendiendo vendernos el muladar como paraíso. En esta labor ha encontrado sucesor en Pablo Iglesias (segunda edición), nacido al calor del movimiento 15M, creado desde el PSOE Y amamantado a sus ubres.

¡¡Amosanda!!

  • · D. Luis Carrero, militar, leal servidor a España bajo el mandato del General Franco que lo había elevado a Presidente del Gobierno, tras las reformas introducidas desde 1968 por la Ley Orgánica del Estado, último instrumento constitucional de la constitución dispersa qcon importantes aperturas a la normalización política, que regía España desde abril de 1939, es brutalmente asesinado, junto a su escolta y su conductor oficial un 20 de diciembre de 1973, tras concienzuda preparación de su secuestro que no asesinato y a escasos ochenta metros de la Embajada de Estados Unidos, que como veremos algo tiene que decir en la join venture USA-ETA.

Sobre su asesinato se han vertido ríos de tinta, se han hecho ficciones cinematográficas bastante verosímiles, en las que se ve cómo hay interés en que España no llegue a desarrollar armamento nuclear e incorporarse al grupo de las naciones poderosas. D. Luis tenía esa pretensión, hacer de España una nación fuerte, reconocida como tal en el concierto de las naciones occidentales. El interés de Estados Unidos era sencillamente otro bien diferente, y así vino a dejárselo meridianamente claro el entones Secretario de Estado, Henry Kissinger, con quien mantuvo una entrevista bastante larga en su despacho de la Presidencia del Gobierno, el día anterior al del brutal atentado que le costó la vida a él y el prestigio a España. Para empezar, la bochornosa y vergonzosa retirada de la provincia del Sahara, que por el entonces Jefe de Estado accidental, D. Juan Carlos de Borbón, Príncipe de España y sucesor a título de Rey del General Franco, se entregó al Emir-Rey de Marruecos, Hassan II. Seguimos por la elaboración de una Carta Constitucional Otorgada SIN PROCESO CONSTITUYENTE, y con un Golpe de Estado, el del 23 de febrero de 1981, para asegurar el régimen.

Para avanzar en esa pérdida de prestigio e importancia internacionales, que era uno de los objetivos del gobierno de José María Aznar, se confabularon no sabemos aún quiénes, para ejecutar otro Golpe de Estado mediante múltiple atentado terrorista el 11 de marzo de 2004. Ya se cumplieron 11 años y…

SEGUIMOS QUERIENDO SABER LA VERDAD SOBRE EL 11-M

TODA LA VERDAD, POR CRUEL QUE RESULTE.

Desde ese 20 de Diciembre de 1970, por tanto, TODO ES 11-M

REQUIEM ÆTERNAM DONA EIS DOMINE ET LUX PERPETUA LUCEAT EIS.

PATER NOSTER…

REQUISCANT IN PACE.

AMEN.

(Este artículo fue publicado en su primera edición en el bolg de Wolfson “Quasimodo desde su campanario“. en la presente reedición se han incorporado algunos detalles, omitidos en la anterior)

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11-M X aniversario

11-M. X Aniversario. In memoriam

Esta LLANURA DE PALMARIA se complace en traer hasta su página, esta valiente y decidida aportación de un gran Campeón, el Peón Negro Perasalo/Olasarep

Autopsia de Bermúdez, operación anatómica a un calva dura prevaricador.

 

Aunque algo tarde, aprovecho la estela de las importantísimas declaraciones de Doña Carmen Baladía en el programa de Luis del Pino, en las que ella sola, con  valentía, profesionalidad y rigor ha hecho frente al inmundo ejército de la cloacas, comandado en esta ocasión por Miniber, para intentar en estos post hacer una autopsia al cadáver de Bermúdez, suicidado como juez en el juicio y sentencia del 11-M, sin que sepamos si, como los suicidados, ya antes había fallecido, transmutado en mariposa de cloacas.

 

Como los mismos estudios sobre los restos humanos de Leganés, este es un informe complementario, pues la total autopsia de Bermúdez y sus dos compinches sólo puede hacerse analizando la sentencia por entero. Esta autopsia al cadáver judicial de Bermúdez se limita a lo que dice sobre las inexistentes autopsias de Leganés.

 

En las páginas 443 y siguientes se pronuncia la sentencia sobre el asunto de las autopsias. Trata el tema en cinco apartados, que seguiremos por sus pasos, minuciosa y extensamente; por lo que pido perdón, pero no tengo tiempo para resumir.

 

Preparando el escenario.

 

En el primer apartado –.2.1- empieza acusando a las partes que han pedido la nulidad de las autopsias de que…

 

 

“…no expresan cual sería la consecuencia jurídica para el proceso de la nulidad instada. Tampoco establecen un enlace entre el hecho productor de nulidad -causa- y las consecuencias para la defensa de sus clientes -efecto-. Ni explican por qué les causa indefensión”

 

Podría tener razón Bermúdez en que no se alcanza a ver cuál sería la consecuencia para el proceso de la nulidad de las autopsias. Porque se juzga a otros individuos y, en principio, la muerte de los de Leganés no afecta a este enjuiciamiento. Pero precisamente esta petición de nulidad alcanza su pleno y pertinente sentido por el contenido de la sentencia dictada. El primer hecho probado de la sentencia es que los de Leganés pusieron las bombas en los trenes por el mero hecho de su presunto suicidio. Y buena parte de las condenas se basan en que los acusados mantuvieron relaciones con los de Leganés. Por tanto, si los de Leganés no fueron terroristas suicidas sino suicidados, todo el argumentario de la sentencia se viene abajo, con la consiguiente y debida absolución de los acusados.

 

Quizá Bermúdez, en la crítica a las partes que piden la nulidad, incurra en el mecanismo de proyección de sus propios defectos hacia otros. Se puede calificar, usando sus propias palabras, de “argumento soterrado, poco claro y siempre confuso “que por morir en Leganés se dé por probado que pusieron las bombas. Más bien es un argumento “falaz” porque sencillamente no ofrece ningún motivo imaginable para establecer esa relación entre morir en Leganés y poner las bombas. Y siendo una “premisa falsa”, la conclusión de que los acusados por tener relación con los suicidados deben ser condenados “es, necesariamente, errónea”. Como reitera Bermúdez, proyectando sus defectos, “se aísla un dato -se descontextualiza-“(suicidados en Leganés) “y se pretende dar la falsa impresión de que cualquier conclusión pende exclusivamente de él” (se condena a los acusados por sus relaciones con los suicidados)

 

Acaba Bermúdez este apartado introductorio, sentenciando sin más razón que el de su amanerada sentenciosidad: “Desde luego, hubo autopsia en sentido legal, se conoce la data y causa de la muerte, y no se aprecia infracción de norma jurídica alguna.”

 

El trilero calentando las manos.

 

En el siguiente apartado -2.1.1- hace una aproximación a los dos temas decisivos que luego tratará: la regulación legal y genérica de las autopsias y las que concretamente se hicieron a los de Leganés. Aquí ya empieza a desplegar toda la panoplia de sus recursos fulleros: mentiras descaradas, medias verdades, cortinas de humo, ocultaciones, etc.

 

Dice Bermúdez:

 

 

“La única parte que alude a la infracción de precepto legal con cita del mismo es la defensa de Zougam y Ghalyoun que invoca el art. 343 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal y el RD 1619/1997, en el que afirma que se determina cómo han de realizarse las autopsias.

 

La cita es incompleta e inexacta. Incompleta porque el art. 343 sólo ordena que se practique la autopsia para conocer la causa de la muerte en los sumarios por causa de muerte violenta o sospechosa de criminalidad -art. 340LECr.- e inexacta porque ni el RD 1619/1997, ni ninguna otra norma reglamentaria establecen la forma de realizar la autopsia”

 

Sobre el modo en que la Ley dice que se hagan las autopsias Bermúdez miente y él mismo lo reconoce. El artículo 343 no determina lo que él dice, sino que eso lo hace el 340, como él mismo acaba confesando. Además, lo que es “incompleto e inexacto” –además de la falsedad reseñada- es lo que él dice del artículo 343, porque este se remite expresamente al 353, donde se indica cómo hacer las autopsias. Se verá después con más detenimiento.

 

Bermúdez parece excitarse con el RD 1619/1997, que cita dos veces, y que según él es invocado por Abascal. Sencillamente echa humo y confusión porque ese Real Decreto es absolutamente irrelevante. No es más que una breve modificación de otro Real Decreto, el 296/1996, que tampoco es relevante, sobre unas funciones administrativas de los Directores de los Institutos Médico Legales y sobre la forma de proveer puestos de trabajo. No por casualidad, en la sentencia más importante de nuestra historia, Bermúdez se mete en jardines que no llevan a nada para crear confusión y aparentar cargarse de razones:

 

Ver BOE  

Protegido en esa buscada cortina de humo, concluye Bermúdez: “ni ninguna otra norma reglamentaria establecen la forma de realizar la autopsia”. Con ello, sin mentir en la forma, miente mucho en el fondo. Porque parecería que no hay normas que establezcan “la forma de realizar la autopsia”. Y es mentira, sí las hay, y de mayor rango que un simple reglamento: la propia Ley de Enjuiciamiento –de un modo genérico- y la normativa europea –de un modo detallado-. Se verá posteriormente.

 

Además, Abascal en sus alegatos finales no cita ese Real Decreto, tan querido por Bermúdez, aunque es posible que sí lo haga en el escrito de nulidades, que desconocemos. Lo que dice Abascal en el alegato de Basel Galyoun es lo siguiente:

 

 

“No se realizó autopsia a los supuestos suicidas, por lo que no sabemos la hora real de su muerte, al contrario que sí se realizó al GEO fallecido TORRONTERAS por dos veces. La Ley de Enjuiciamiento Criminal exige que se realicen Autopsias, no valen exámenes suficientes.”

 

Oportunamente, Abascal contrapone la existencia de autopsia al GEO con la inexistencia de autopsias a los suicidados –a los que se les hizo estudios complementarios-. Una contraposición de la que Bermúdez huye como de la peste porque evidencia que no hay autopsias.

 

Entrando ya en el contenido de las autopsias dice Bermúdez:

 

 

“Es más, toda la argumentación de las defensas parte de otro error de principio: Que toda autopsia debe describir absolutamente todos los restos y sustancias que haya en el cadáver y que deben abrirse al menos las tres cavidades tradicionales, cabeza, tórax y abdomen.

 Esto no es cierto. Sólo se hará así en tanto que lo buscado y/o hallado tenga relevancia para determinar la causa de la muerte, su data y su etiología, consignándolo en el respectivo informe.”

 

Aquí Bermúdez mezcla dos argumentos, llevando a la vez al extremo el de los contrarios para ridiculizarlo. Empieza diciendo que TODO el argumento de las defensas es pedir ABSOLUTAMENTE TODOS los restos. No es así, como es lógico sólo se pide el análisis de todos los restos que tengan relevancia. Y lo mezcla sofísticamente con la petición de la apertura de las tres cavidades, como si pedir esto fuera lo mismo que solicitar el análisis de “absolutamente todos” los restos y sustancias. Con esta argucia parece que justifica que “no es cierto” que haya que abrir las tres cavidades. Hay que hacerlo, y las normas lo exigen, como se verá.

 

Para darse fuerzas y aparentar un razonamiento lógico, Bermúdez añade estas dos perlas de intensa inteligencia y superior razonamiento:

 

“En el mismo sentido, sólo se procederá a la apertura de cavidades si estas están cerradas o si existen las partes respectivas del cuerpo.

 …

Tampoco se abrirán las cavidades si estas están abiertas o si no es posible, ejemplo, por carecer de tronco o cabeza el resto cadavérico.”

 

Bravo Bermúdez, lo que está abierto no se puede abrir y lo que no existe no se puede abrir. Esta sentenciosa y zapateril solemnización de lo obvio es lo que debió enamorar a Beni. Se creerá muy listo, pero el truco es más viejo que la prevaricación.

 

Continúa Bermúdez, entrando en detalle:

 

“Como argumento secundario o subsidiario…cuestionaba los resultados y la exhaustividad de los exámenes medico legales porque no se había detectado “humo o restos de gas” en los pulmones de los suicidas a pesar de que los GEO usaron bombas lacrimógenas antes dela explosión.”

 

Su primera reacción es mostrar mucha contundencia y falsificar el argumento del contrario:

 

“Este argumento padece también del mismo defecto: Toma un dato aisladamente -la ausencia de él, en este caso- para, omitiendo cualquier otro que lo explique, elucubrar sobre hipótesis puramente imaginativas, pues carecen del más mínimo sostén probatorio.”

 

Evidentemente el dato es aislado, porque si sólo les echaron gases lacrimógenos sólo se podrán hallar restos de ellos. Si les hubieran echado paella, habría que buscar también restos de ella. No hay elucubración ni imaginación alguna: si aspiraron gases tiene que haber restos de ellos. Y el único que omite otro hecho que lo justifique es él, pues nada dice de esa supuesta explicación alternativa.

 

Como su razonamiento es sentenciosamente burdo, recurre al viejo truco de remitir la solución a un pasaje posterior: “La respuesta a esa cuestión está documentada y obra unida a los autos, como veremos, en el folio 985 de la pieza separada de Leganés.” Veremos, nosotros sí, que no ve nada y la cuestión queda inaudita.

 

Buscando la confianza.

 

En el siguiente y breve apartado -2.1.2- recurre a la etimología para adornar sus conocimientos sobre el significado de la autopsia y, sobre todo, para distinguir entre autopsia clínica y autopsia médico-legal:

 

“Esta distinción entre los dos tipos de autopsias y su finalidad es útil porque permite ver con claridad que a la justicia penal sólo le interesa la muerte si tiene un origen violento o sospechoso de criminalidad”.

 

Se trata de aprovechar los fines tan distintos de una y otra –estrictamente médicos la una, y buscando la relevancia penal la otra- para trasladarlos soterradamente a los procedimientos médicos. Como si una autopsia médica nada tuviera que ver con la legal, como si no usaran el mismo método. Como si la autopsia legal no la hiciera un médico y éste se limitara a “informar al juez en el marco de un proceso legal”, como si el juez fuera el que de verdad sabe sobre las autopsias y los principios reglas de la ciencia médica, y el método que se debe utilizar. Se trata de preparar el terreno para hacer pasar por verdadera autopsia unos simples informes complementarios, que es lo que se hizo a los de Leganés.

 

El truco tiene corto recorrido, pues el mismo Bermúdez reconoce que la finalidad de las autopsias clínicas puede ser también averiguar la causa de la muerte: “aclarar o confirmar un diagnóstico o conocer la causa de la muerte, según los casos”. Evidentemente, para una misma finalidad debe seguirse un mismo método médico: las autopsias de toda la vida.

 

El juego del trilero y otras ocultaciones.

 

En el apartado 2.1.3, también breve, aborda Bermúdez la regulación legal de las autopsias. Aquí miente, manipula, falsifica y omite como un bellaco, como un perfecto prevaricador.

 

Comienza así: “Las autopsias judiciales están reguladas en España por la Ley de Enjuiciamiento Criminal en sus artículos 343 -citado-, 349, 353, 459y 785”. Comienza mintiendo, y mintiendo sobre lo que él mismo dice. Se trata de lo referido al artículo 343, que le escuece como a cualquier prevaricador lo hace una verdad. La mentira es puramente formal, pero con una finalidad de fondo: omitir el contenido del artículo 343. Dice Bermúdez: “343-citado-“. Parecería que hubiera citado su contenido, y eso es falso. Se recordará que anteriormente había citado el número del artículo -343- haciendo creer en una lectura poco atenta que daba su contenido, cuando en realidad colaba de matute el del 340: “el art. 343 sólo ordena que se practique la autopsia para conocer la causa de la muerte en los sumarios por causa de muerte violenta o sospechosa de criminalidad-art. 340 LECr-“. En esta frase da el contenido del artículo 340como si fuera el del 343, aunque citando al final el 340 para taparla hábil maniobra.

 

¿Y qué es lo que dice el artículo 343que tanto escuece a Bermúdez y no puede citar?

 

Artículo343.

 “En los sumarios a que se refiere el artículo 340, aun cuando por la inspección exterior pueda presumirse la causa de la muerte, se procederá a la autopsia del cadáver por los Médicos forenses, o en su caso por los que el Juez designe, los cuales, después de describir exactamente dicha operación, informarán sobre el origen del fallecimiento y sus circunstancias.

 Para practicar la autopsia, se observará lo dispuesto en el artículo 353.”

 Como se lee, dice dos cosas que irritan a Bermúdez: “OPERACIÓN “y “artículo353”

 ¿Y qué dice el artículo 353 del que Bermúdez huye, como un prevaricador de la verdad, y del que omite su contenido?

 

Artículo353.

 “Las autopsias se harán en un local público que en cada pueblo o partido tendrá destinado la Administración para el objeto y para depósito de cadáveres. Podrá, sin embargo, el Juez de instrucción disponer, cuando lo considere conveniente, que la operación se practique en otro lugar o en el domicilio del difunto, si su familia lo pidiere, y esto no perjudicase al éxito del sumario.

 Si el Juez de Instrucción no pudiere asistir a la operación anatómica, delegará en un funcionario de Policía judicial, dando fe de su asistencia, así como de lo que en aquélla ocurriere, el Secretario de la causa.”

 

El artículo 353 dice “OPERACIÓN ANATÓMICA”. Por si algún asno o algún prevaricador no quisiera enterarse, precisa que la autopsia consiste –como es lógico, dándolo por sabido- en una operación anatómica. Lo que sabe todo el mundo: que una autopsia es una operación realizada por un médico consistente en la apertura de un cadáver para examinarlo. Lo que no se hizo con los de Leganés.

 

Por tres veces utiliza la Ley la palabra “operación”–una en el artículo 343 y dos en el 353-. Pero Bermúdez no se entera, todo prevaricador tiene que eludir la Ley. En vano se buscará en la sentencia ninguna referencia a la palabra “operación” y a lo que significa.

 

En definitiva, el juego del trilero consiste en sostener con una mano la chapa del artículo 343, y con la otra las chapas de los artículos 340 y 353 para que entre el rápido y confuso movimiento de manos no se encuentre la bolita: el contenido del artículo 353 que explicita que la autopsia es una operación anatómica.

 

La Ley de Enjuiciamiento Criminal:

 

http://noticias.juridicas.com/base_datos/Penal/lec…

 

El significado de lo que la Ley entiende por autopsia–operación anatómica- lo omite Bermúdez. En cambio, se detiene en detalles que le sirven de cortina de humo. Primero mezcla esos artículos con otros -349, 353, 459 y 785-. Los 349, 459 y 785 se refieren a cuestiones sobre todo formales. Echo el batiburrillo se refiere a todos en conjunto: “Estos se refieren a la concesión por el juez de un término prudencial al médico-forense para que evacúe su informe, al lugar donde se ha de practicar la autopsia, al número de forenses que han de practicarlas y a las peculiaridades en el procedimiento abreviado, respectivamente.” Y concluye: “Nada relativo al modo, técnicas y procedimientos médicos a emplear para determinar la etiología de la muerte.”

 

Por supuesto, el legislador –siglo XIX- no es tan necio de detallar las técnicas y procedimientos médicos. Entre otras cosas porque cambian aceleradamente. Pero sí dice cómo se debe realizar una autopsia: con una “operación anatómica”. Lo que todo el mundo sabe a rasgos generales en qué consiste y el trilero de Bermúdez escamotea. Tampoco la Ley dice lo que sea “el día” o “la noche”. Y por cometer ciertos crímenes con nocturnidad algunos han pasado años añadidos en la cárcel. La Ley no está hecha ni para asnos ni para prevaricadores.

 

Continúa Bermúdez con otra cortina de humo: “Por el contrario, en la Ley 29/1980, de 21 de junio, de Autopsias Clínicas y en el RD 2330/1982 que la desarrolla sí están reguladas las autopsias clínicas o anatomopatológicas.” La cita sólo busca crear confusión, además de mentir, porque en estas normas no hay mucho más detalles de cómo debe realizarse una autopsia. El Real Decreto, que es la norma que más concreta, se limita a decir: “Artículo 6.3. El Médico anatomopatólogo decidirá la técnica a seguir en cada caso”.

 

 

En los enlaces se puede comprobar:

 

http://eusalud.uninet.edu/cl_autopsias/Documentos/…

 

http://www.sovapat.org/n/autopsia2.htm

 

Hay más. En un inusitado acto de honradez, Bermúdez cita la legislación comunitaria sobre autopsias:

 

“Por último, existe, en cuanto al marco legal se refiere, una Recomendación, la núm. (99)3 del Consejo de Ministros de los Estados miembros de la Comunidad Europea, para la armonización metodológica de las autopsias medico legales, que no ha sido desarrollada en nuestra legislación interna, si bien su parámetros son los generalmente aplicados en España.”

 

Un acto de honradez y ni uno más. Porque a pesar de que sea generalmente aplicado en España, Bermúdez decide pasárselo por el arco prevaricador y no aplicarlo. Cita la normativa, pero elude su contenido y se queda tan calvo. Y es que en esta normativa aplicable en España se detalla minuciosamente cómo debe hacerse una autopsia. Y, por supuesto, es completamente distinto a lo hecho con los de Leganés.

 

Entre otras cosas, en esto consiste una autopsia según la norma comunitaria, Recomendación (99)3:

 

“II. Examen Interno.

 A. Generalidades.

 1. Se deben describir todas las alteraciones producidas por la disección o por la recogida de muestras.

 2. Deberán abrirse “plano a plano” las tres cavidades corporales: cabeza, tórax y abdomen. Cuando esté indicado, se examinará la columna vertebral y las articulaciones.

 3. El examen y descripción de las cavidades incluye: estudio para la presencia de gases (neumotórax), medidas del volumen de sangre y fluidos, aspecto delas superficies internas, integridad de sus límites anatómicos, apariencia externa de los órganos y su localización; adherencias y obliteraciones cavitarias, lesiones y hemorragias.

 

 5. Deben examinarse y seccionarse todos los órganos siguiendo las normas establecidas por la patología (anatomía patológica). Esto incluye la apertura de los vasos más importantes, tales como las arterias y los senos intracraneales, las carótidas, las arterias coronarias, las arterias y venas pulmonares, la aorta y los vasos abdominales, las arterias femorales y las venas de los miembros inferiores… Se deben abrir todos los órganos huecos y describir su contenido –color, viscosidad, volumen- (tomando muestras cuando sea adecuado). Se deben cortar todos los órganos, describiendo la superficie de corte. Si hay lesiones, el procedimiento de disección puede variar respecto al normal o habitual; en ese caso debe describirse y documentarse adecuadamente.”

 

En resumen, apertura de las tres cavidades –lo que Bermúdez dijo antes que no era obligado- y examen minucioso de lo encontrado, con “estudio para la presencia de gases” incluido. Nada de esto hay en los informes que Bermúdez pretende colar como autopsias. En realidad, Bermúdez con la regulación comunitaria se acoge a la vieja fórmula del formalismo del antiguo régimen: “obedézcase pero no se cumpla”. Debe ser que se conserva vigente sólo para las cloacas y nazionalistas varios.

 

http://www.pgjdf.gob.mx/derechoshumanos/instrument…

 

Por fas o por nefas, a Bermúdez le da igual: “el mandato legal contenido en la Ley de Enjuiciamiento Criminal se cumple conque -sea cualesquiera las técnicas usadas- los forenses faciliten al juez los datos suficientes para conocer, con la mayor precisión posible, la etiología legal de la muerte y su data, pudiendo el juez ordenar cuantos exámenes complementarios estime necesarios y adecuados.” Vamos, como si el médico forense se tuviera que limitar a dar unos datos al juez –los suficientes, aunque con la mayor precisión para compensar-, y éste es el que hiciera realmente la autopsia.

 

Hay otro aspecto de las autopsias, regulado por ley, que Bermúdez también se salta a la prevaricadora. Situémosnos en Leganés. Hay unos cadáveres y no se sabe quiénes son, aunque se sospecha que sean los islamistas que conoce la policía. ¿Qué dice la Ley?

 

Artículo 340: “se identificará por medio de testigos que, a la vista del mismo, den razón satisfactoria de su conocimiento.”

 

Artículo 341: “No habiendo testigos de conocimiento, si el estado del cadáver lo permitiere, se expondrá al público antes de practicarse la autopsia, por el tiempo a lo menos de veinticuatro horas, expresando en un cartel, que se fijará a la puerta del depósito de cadáveres, el sitio, hora y día en que aquél se hubiese hallado y el Juez que estuviese instruyendo el sumario, a fin de que quien tenga algún dato que pueda contribuir al reconocimiento del cadáver o al esclarecimiento del delito y de sus circunstancias, lo comunique al Juez instructor.”

 

Lo mismo la Recomendación núm. (99)3:

 

“identificar a todas las personas que se encuentren en el lugar de los hechos”

 

“obtenerla información que permita la identificación del cuerpo y cualquier otra información de los testigos, incluyendo aquellos que vieron por última vez al fallecido con vida.”

 

Pues no se hizo, y porque no se quiso. Bien que tenía la Policía localizadas a buena parte de la familia y amigos de los que sospechaban eran los suicidados. Tenían contacto con toda la familia de Jamal Ahmidan, hasta Del Olmo hablaba con la mujer. También a la de los Oulad Achka, a cuyos hermanos habían detenido. Y a varios magrebíes que conocían al Tunecino, a Rifat, y hasta a Lamari. No sólo no se expusieron los cadáveres –que parece algo decimonónico- sino que pudiendo reconocerlos múltiples personas a disposición de la policía no se hizo. Pudiera ser otra causa de nulidad de las autopsias, desde luego de la literalidad de la Ley así se infiere. Por supuesto, Bermúdez pasa del tema.

 Hay otra prescripción legal que, por lo que sabemos, tampoco se ha cumplido:

 

Artículo353.

 “Si el Juez de instrucción no pudiere asistir a la operación anatómica, delegará en un funcionario de Policía judicial, dando fe de su asistencia, así como de lo que en aquélla ocurriere, el Secretario de la causa.”

 

Sucedió lo contrario, el golpista doctor Prieto se encerró con sus restos humanos –no sabemos si procedentes de Leganés o del depósito dela morgue- y no dejó entrar a los policías, ni que sepamos al Secretario del juzgado o funcionario del juzgado.

 

El tocomocho de informes complementarios por informes de autopsia.

 

En el siguiente apartado -2.1.5- Bermúdez se ocupa ya de las supuestas autopsias realizadas.

 

Es el apartado más extenso, de la página 448 a 451. Formalmente, como el propio Bermúdez lo llama al final, es un seguimiento del “análisis de la actividad médicolegal desplegada”. Seguimiento de la actividad médica que utiliza para eludir en lo posible el tratamiento directo del contenido del informe de autopsia, el fondo del asunto. Como no hay tales informes de autopsias se trata de encubrir su inexistencia entre el relato de aspectos formales, aprovechando el terreno preparado por las manipulaciones anteriores.

 

A pesar de ello, el inicio le delata, pues al soslayar el tratamiento de la autopsia del Geo Torronteras queda contrapuesto el informe de autopsia de éste –“la causa del fallecimiento del Sr. Torronteras no está sometida a discusión, constando el informe de autopsia”- con la inexistencia de informe de autopsias de los suicidados, sustituidos por informes parciales: “existen extensos detallados informes médico-forenses que fueron sometidos a contradicción y ratificados en el plenario”. La prolijidad sustituyendo a la verdad y al cumplimiento de la Ley, el mismo truco que utilizan en todo el sumario del 11-M.

 

Todo el relato posterior está encaminado a justificar el tocomocho de sustituir los informes de autopsias por los informes complementarios que se hicieron: anatómicos, radiológicos y toxicológicos. Se trata de dar el cambiazo, supliendo el todo de un informe de autopsia por una parte de ella. Una parte que ni siquiera es esencial a la autopsia, sino complementaria y que en algunas de ellas puede no tienen por qué realizarse esos informes accesorios. Y encima utilizando el argumento soterrado y nada claro de que si hay estudios complementarios se demostraría que por ello está el estudio principal.

 

Bermúdez emprende el relato de la actividad desplegada: que el juez autorizó el traslado de los cadáveres, luego autorizó el envío de muestras al Instituto Nacional de Toxicología, que el 5 de abril apareció un cuerpo extraño en un cadáver, que se entregó a los Tedax, un circuito eléctrico, red metálica y alambre, que en el juicio declaró un policía que había examinado cuerpos extraños en los cadáveres que resultaron ser cuerpos de pestillo y ventana.

 

Visto lo cual, parece entraren el fondo del asunto: “Pero es en los folios 275 y siguientes dela pieza de Leganés donde aparece unido el informe del laboratorio de antropología donde consta la necropsia, cadáver a cadáver, con una descripción detallada de las ropas y de las lesiones que presenta, así como la realización del estudio radiológico antes señalado y la toma y envío de muestras de partes blandas para análisis genético y toxicológico, lo que exige la apertura de las respectivas cavidades -se recoge muestras de músculo para análisis genético y generalmente de pelo e hígado para análisis toxicológico.”

 

En realidad, en este párrafo se encuentra todo lo que tiene para intentar colarlo como si fuera una autopsia. Lo primero que hace es mezclar todos los cadáveres en un totum revolutum. Nada de ir uno a uno, ver lo que se encuentra y deducir de cada cadáver individualizado la causa de la muerte. Los restos de Leganés son pues un amasijo de restos suicidas que no merecen individualizarse.

 

Son tres los informes realizados. El principal es del informe del laboratorio de antropología. Y lo que “detalla” son las ropas y las lesiones que presenta, o sea, lo externo. Le acompaña el radiológico, al que luego se referirá. En el tercero y último hay un análisis genético y toxicológico, en donde se encuentra lo más aproximado a una operación de autopsia, pues habla de apertura de cavidades para recoger tres tipos demuestras: pelo, músculo e hígado. Es de suponer que la recogida de pelo no tuviera gran complejidad médica, sirviéndoles incluso el peluquero de Bermúdez. Para la recogida de músculos, dada la ruptura de los cadáveres no necesitarían más que unas pinzas tijeras. Y llegamos a lo único que puede considerarse como lo que es una pequeña parte de una operación de autopsia: recogida de muestras de hígado. Para más inri, este tratamiento del hígado no es a todos los cadáveres, sino que se hizo “generalmente”, sin especificar si fue a uno, a dos, o a los que fueran. Ni, faltaría más, a quienes de los siete cadáveres. Esta es toda la operación anatómica que recoge Bermúdez: se analizó algún hígado. Y sólo se analizó para buscar drogas y medicamentos. Nada más.

 

De ahí pasa Bermúdez a “las consideraciones medico legales”. Estas concluyen tres cosas: eran siete, eran suicidas, murieron por múltiples traumatismos provocados por la deflagración de sustancias explosivos. De los datos y razonamientos que se emplean para llegar a las conclusiones no hay ni rastro.

 

Continua Bermúdez con la “exploración radiológica”. Nos cuenta que se observan “múltiples cuerpos extraños”, sin precisar cuales, y que hay seis cuerpos y posiblemente otro. Añadiendo que “las lesiones se corresponden con las ocasionadas por la acción de una onda explosiva de gran intensidad”, sin explicar porque lo deduce, por lo que debemos suponer que a simple vista de la radiografía se infiere que las lesiones fueron provocadas por onda explosiva.

 

No obstante tanta claridad, el informe está fechado el 6 de Noviembre de 2004, por lo que necesitaron siete meses –uno por suicidado-para remirando las radiografías deducir que hubo una onda explosiva.

 

Brevísimamente se ocupa del “dictamen genético del servicio de biología”. Lo único que nos dice es que hay siete cadáveres. Y nada sobre quiénes son los titulares y porqué. Lástima, porque ese maravilloso estudio sobre la oreja de Lamari–pasmo del mundo científico- se pierde en el olvido.

 

Finaliza con el estudio toxicológico. Se recordará que al principio Bermúdez–indignado con los que cuestionaban la falta de estudio sobre la presencia de gases, a los que acusaba de tomar un dato aislado-prometía una solución contundente: “La respuesta a esa cuestión está documentada y obra unida a los autos, como veremos, en el folio 985 de la pieza separada de Leganés.” Llega el momento prometido: “Basta con la lectura del primer folio para obtener respuesta a por qué no se detecta humo o resto de gas en los pulmones” ¿Qué dirá ese primer folio que lo resuelve todo? Bermúdez no lo dice. Pero de lo que cuenta en general sobre el informe se deduce este argumento contundente: no se detectó restos de gas porque no se analizó. ¡Albricias! Sólo le falta añadir que como no se analizó se deduce claramente que no hubo gas porque si hubiera habido gas se habría analizado. La lógica de ZetaP y Pepiño abduciendo el privilegiado cráneo de Bermúdez.

 

Veámoslo: “En dicho informe consta claramente qué se solicitó y qué no porque a juicio de los facultativos no era necesario para el fin perseguido con la autopsia judicial.” Vale, y ¿qué es lo que se solicitó? “análisis de drogas de abuso…psicofármacos…y general de medicamentos” O sea, que buscaron comprobar que los suicidados no se suicidaron por sobredosis o por ingesta de medicamentos. Asunto importante.

 

Y ¿qué es lo que no se solicitó? “No se pidió analítica para detectar alcohol etílico, tóxicos hipoxemiantes, carboxihemoglobina, glucemia, glucosa en HV ni anticuerpos del SIDA.” Ahí están los “hipoxemiantes”, que no se solicitaron y que son la prueba a realizar para ver si hay restos de gases. Como dijo la doctora Baladía y explica atónita: “Y no se sabe, porque no se les realizó el correspondiente análisis, el de tóxicos hipoxemiantes, carboxihemoglobina…”. Así que esta es la respuesta documentada, la que bastaba con ver el primer folio del estudio para solucionarlo: con la cara más dura que la calva nos dice Bermúdez que la solución es que no se analizó y, por tanto, no hay dichos restos.

 

En fin, que con estos tres estudios complementarios–a los que además les falta parte de su debido contenido- pretende sustituir las autopsias que no se hicieron.

 

El carácter accesorio de al menos dos de estos estudios viene explícitamente establecido en la normativa europea aplicable:

 

“Principio VI.- Informe de Autopsia

 2. p. se deberán incluir, cuando sea posible, los resultados de investigaciones tales como radiología, odontología, entomología y antropología”

 

http://www.pgjdf.gob.mx/derechoshumanos/instrument…

 

Y acaba Bermúdez: “Por último, en el tomo 5 de la pieza, folios 1461 y siguientes, hay unido un reportaje fotográfico de los restos humanos examinados en el Instituto Anatómico Forense.”

Ah, pero se le olvida algo. LA DATA, Bermúdez, LA DATA. ¿Dónde está la data?

 

En reiteradas ocasiones nos decía en qué–según él- consistía la autopsia, y siempre estaba presente la data:

“hubo autopsia en sentido legal, se conoce la data y causa dela muerte…para determinar la causa de la muerte, su data y su etiología, consignándolo en el respectivo informe…para alcanzar el objetivo médico-legal: data, causa y etiología del fallecimiento…La autopsia médico-legal o judicial … busca conocer la etiología médico legal de la muerte … y su data….los forenses faciliten al juez los datos suficientes para conocer, con la mayor precisión posible, la etiología legal de la muerte y su data”

 

¿Cuál es la data, la fecha del fallecimiento según el estudio de autopsia?

NADA. NO HAY DATA. Así que siguiendo los criterios de Bermúdez no hay autopsia en sentido médico legal y lo actuado es nulo.

 

Al menos nos hemos librado de que con toda su calva dura afirme que la data de la muerte la establece la retransmisión en el telediario de la explosión.

 

La víctima desvalijada.

 

En el último apartado -2.1.5- saca Bermúdez las conclusiones:

 

“En conclusión, se realizaron las preceptivas autopsias y se emitieron los correspondientes informes medico legales.”

 

Como último cortafuegos a tanta prevaricación, Bermúdez se acoge a las normas generales sobre la prueba pericial. Una regulación que por su falta de concreción, pues se refiere a cualquier tipo de peritaje, apenas dicen nada:

 

“Su artículo 478 donde se dice que el informe contendrá, “cuando ello fuera posible”, los siguientes datos: -Descripción de la persona o cosa que sea objeto del mismo en el estado o modo en que se halle. -Relación detallada de todas las operaciones practicadas por los peritos y de su resultado.-Conclusiones que en vista de tales datos formulen los peritos, conforme a los principios y reglas de su ciencia o arte.”

 

Con ello intenta darle la última patada a la concreta regulación legal sobre las autopsias y al sentido común. Ambos dicen que la autopsias lo que dice el diccionario: una operación anatómica. Operación médica que detalla la Recomendación europea aplicable a España y que es lo que no se hizo a los de Leganés.

 

Pero con la recurrente excusa de la valoración conjunta y la sana crítica, asunto resuelto:

 

“En suma, el Tribunal no encuentra defecto alguno con entidad anulatoria y, valorando según las reglas de la sana crítica dicha prueba pericial en relación con el resto de las practicadas, conforme se expondrá en el apartado correspondiente, estima que sus conclusiones son certeras.”

 

Y vale ya. Que da igual la autopsia, la data y lo que sea. Fueron los suicidas de Leganés, ¡Y vale ya!

 

Conclusiones de la autopsia de Bermúdez:

 

1. Como dijo Carmen Baladía no se hicieron autopsias a los de Leganés.

 

2. Bermúdez oculta trileramente la regulación legal.

 

En primer lugar, el artículo 353 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal que dice que la autopsia consiste en una “operación anatómica”, que todo el mundo sabe aproximadamente en que consiste y cualquier médico conoce bien que supone la apertura de las tres cavidades y el análisis pormenorizado y científico de lo que se encuentre dentro.

 

En segundo lugar, la normativa europea aplicable –la Recomendación 99(3)- que detalla minuciosamente la forma en que debe realizarse dicha operación, con la apertura de las cavidades y análisis detallado de los órganos interiores.

 

3. Para ello incurre en las comentadas mentiras descarnadas, medias verdades, cortinas de humo y juegos de trilero con la Ley.

 

4. Se incumplió lo que ordena la Ley sobre la identificación de los cadáveres por testigos. Y la presencia de funcionarios judiciales o policiales en las autopsias.

 

5. No hay ni siquiera la data dela muerte, por lo que incluso aceptando sus conclusiones sobre la causa, pudieron morir en otro momento distinto a la explosión de la de Leganés.

 

6. Engañosamente se pretende hacer pasar tres estudios complementarios –anatómico, radiológico y toxicológico-, que además están incompletos, por verdaderas autopsias.

 

7. No se hizo análisis toxicológico para averiguar si había restos de gases, que deberían encontrarse si los suicidados estuvieron vivos y en el piso, al haber aspirado los gases lacrimógenos introducidos por los GEO. Se pretende justificar con el argumento delirante que puesto que no se hizo el estudio no debían de aparecer restos de los gases.

 

8. La pretendidas autopsias son nulas.

 

9. Cuanto antes tomen Bermúdez y sus dos compinches el caminito de Jerez antes se hará justicia a las víctimas y a todos los españoles, víctimas todos del golpe de estado del 11-M.

 

Consecuencias de la autopsia de Bermúdez.

 

Siguiendo la propia lógica de Bermúdez, el argumento soterrado de su sentencia es que, puesto que siete islamistas se suicidaron en Leganés, esos mismos pusieron las bombas de los trenes. Que éste es su argumento lo confirma la absolución de Bouchar, que estuvo en Leganés pero no le suicidaron y al que no se le condena por colocar las bombas. A la mayoría de los acusados se les condena en la sentencia por el hecho de haber mantenido relaciones con los suicidados de Leganés.

 

Como no hay autopsias a los de Leganés, no se puede decir que se suicidaron y, por tanto, siguiendo su lógica, que pusieran las bombas. Por lo mismo, a los acusados que tuvieron relación con ellos tampoco se les puede condenar, pues desaparece su vinculación con unos terroristas suicidas.

 

Usando las palabras del propio Bermúdez, el episodio de Leganés es una prueba más de que …


“…lo que ocurrió el 3 de abril de 2004 en Leganés no fue consecuencia de la detonación voluntaria de una carga de explosivo por parte de los inquilinos de la citada vivienda, sino obra de una mano desconocida que, como parte de un plan maquiavélico más amplio, ideó y ejecutó los atentados del 11de marzo. En ese plan sus clientes son meras cabezas de turco.”

 

Si los golpistas pierden las elecciones, esperemos que el Tribunal Supremo, forzado por las circunstancias, se avenga a cumplirla Ley y, declarando nulas las autopsias y demás mentiras de la sentencia, ordene que se celebre el verdadero juicio del 11-M.

 

Elaborado por Perasalo. Por la transcripción, Curro.  Por la edición, Wolfson.

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¡CIEN DÍAS DE INFAME SERVILISMO!

Se cumplen hoy, 4 de febrero, CIEN DÍAS desde que la Audiencia Nacional, SIN ESTAR OBLIGADA A ELLO POR LEY O TRATADO ALGUNO, PUSIERA EN LIBERTAD A VIOLENTOS TERRORISTAS, CAMUFLADOS ENTRE VIOLADORES Y OTROS ASESINOS MÚLTIPLES NO ARREPENTIDOS, CON EL CONCURSO DEL MINISTERIO FISCAL Y ANTES DE HABER RECIBIDO LA TRADUCCIÓN OFICIAL AL ESPAÑOL, ESTO ES, LA NOTIFICACIÓN EN LEGAL FORMA, DE LA SENTENCIA DEL TRIBUNAL EUROPEO DE DERECHOS HUMANOS.

Las víctimas, al parecer, o no son humanas o no tienen derechos de esa clase, pues se las castiga con el escarnio de tener que soportar la presencia en las calles, cuando no debajo de su misma vivienda, a los asesinos de sus familiares -sin que se haya previsto una medida de permanente alejamiento para los condenados-, con sede en Estrasburgo, estimulado por el ponente, el infame magistrado español destacado hasta ese órgano por el anterior Gobierno, con el beneplácito del actual, entonces en la oposición.

NADIE, HASTA AHORA, LOS HA PROCESADO POR TAMAÑO DESAFUERO, Y AGRAVIO A VÍCTIMAS EN PARTICULAR Y ESPAÑOLES EN GENERAL, CISCÁNDOSE EN LA SOBERANÍA NACIONAL, QUE DEJA A LOS TRIBUNALES ESPAÑOLES LA SUFICIENTE AUTONOMÍA PARA EJECUTAR LAS SENTENCIAS DE DICHO ÓRGANO, SI QUIERE, COMO QUIERA Y CUANDO QUIERA.
De hecho, tiene otras sentencias del mismo supuesto tribunal durmiendo en el limbo de los cajones de los tribunales, habiendo causado con ello graves perjuicios personales, familiares y económicos a cierta familia española, por la inaplicación de otra sentencia del mismo órgano que condenaba al Estado, al Reino de España, a practicar nuevo justiprecio en el expolio al que, con la valiosa ayuda del Tribunal Constitucional de 1983, fue sometida mediante un ignominioso Real Decreto-Ley de eficacia limitada a esa familia, en un severo desprecio al propio concepto de Ley. Vale.

¡MEMORIA! ¡DIGNIDAD! ¡JUSTICIA!
¡SANTIAGO Y CIERRA, ESPAÑA!
¡11-M, Q.S.V.!
¡VIVA ESPAÑA!

@QWolfson

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