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Relojes locos

LA VUELTA A LA NORMALIDAD.

Acabado el paréntesis de las fiestas navideñas, todo vuelve por donde solía. Tristeza, depresión postvacacional, crisis en la economía y caos en la sociedad. Recibos, facturas, plomazos que llaman por teléfono para venderte la moto. La vuelta a la normalidad, vamos.

Y cada vez las Navidades lo son menos. No se palpaba en el ambiente la magia de las fechas eternas sino más bien un frenesí consumista que cada año es más acentuado y que constata la decadencia del espíritu a favor del ímpetu de la materia. Otra muestra más del laicismo imperante, que tiene su apoteosis en forma de Belenes destrozados o decoraciones más propias de Feria que de Navidad.

Interior de Centro comercial. Las nuevas catedrales.

Mercadillo navideño

Miríadas de bípedos acudían compulsivamente en grandes masas a los grandes almacenes para comprar las cosas que no necesitaban con el dinero que no tenían, mientras le pisaban el callo a este humilde servidor que intentaba circular pacíficamente por la vía pública o comprar algún regalito para sus allegados. Pocas veces se ha visto tanta gente en la calle, pero con menos ilusión; sólo el afán de adquirir artículos como si no quedara otra cosa en la vida.

 

Sólo dos razones pueden explicar el comportamiento: la desesperación vestida de apariencia o el consuelo efímero que dan las cosas. En ambos casos, una tarea inútil que para nada sirve salvo para alimentar un ego mortecino que busca afanosamente la comparación con los demás sin percatarse de que no estamos separados de ellos.

Madrid nevado

Mas llegan las primeras nieves de enero y, con ellas, el crujir de dientes en forma de quiebra económica, mucho peor que ese hielo que se rompe en mil cristales como hacen las ilusiones rotas. Aquellos que se han gastado lo poco que tenían en fabricar una quimera forzada volverán a sufrir en sus carnes la dureza de la realidad como penitencia a su escaso raciocinio. Y para colmo, vuelta a lo de Cataluña.

España

Triste sino el suyo. Triste sino el de España.

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A D. Curro de Utrilla, padre. In memoriam.

Querido Curro:
Tristes noticias de muerte llegaron el otro día a la Llanura que avisaban del fallecimiento de tu padre. Comprendo y siento cómo te debes sentir, pues yo ya pasé en su día por ese amargo trance que a nadie recomiendo pero que todos hemos de afrontar alguna vez en esta vida, por desgracia, y que Dios, o el Destino o como queramos llamar según nuestras creencias nos pone como experiencia.

Decía Jorge Manrique en las Coplas a la Muerte de su Padre que nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar, que es el morir, y todos sabemos de la verdad palmaria que encierran estos versos. Por lo que sé, tu padre tuvo un río con buen y abundante caudal y eso es lo que ha de servir como consuelo, que si bien no repara el dolor sí ayuda a sobrellevarlo. Para muchos, la muerte no es el final pero nosotros seguimos en este valle de lágrimas y a él debemos aclimatarnos; por eso, lo mejor que se puede hacer es recordar a los seres queridos como cuando estaban vivos y en todo su esplendor. Puede parecer un autoengaño e incluso que así sea, pero esta práctica nos hace sentir que siguen con nosotros aunque no los veamos. Y si es cierto que las almas siguen en contacto, pues razón de más para ello.

España también se muere a chorros. La decadencia económica, moral y política a la que la ha llevado la casta de los poderosos durante muchos años hacen que nuestra Nación se encuentre en la antesala de la agonía. Pero ahí sí podemos seguir impidiéndolo como llevamos haciendo ya tiempo con nuestro teclado y esa labor patriótica ha de continuar. Por eso, uno de los mejores homenajes que podemos hacer a los que se fueron es perpetuar la idea de la España que ellos forjaron con tanto esfuerzo y sacrificio y que algunos se empeñar en tirar por la borda. El pensar que lo hacemos por ellos merece la pena, al igual que también lo merecen nuestros hijos, que en un futuro tomarán el relevo de estos ya cada vez más viejos blogueros y foreros que un día a principios del siglo XXI empezaron a escribir en Internet como forma de rebeldía, de expresión y, como en este caso, de sentimiento.

Un fortísimo abrazo.

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Un antiguo proverbio árabe afirma que si uno se sienta a la puerta de su tienda verá pasar el cadáver de su enemigo. Nadie duda de la certeza de tal adagio, pero siempre que se cumpla una premisa fundamental: que el muerto sea el que esperamos y no otro.

 

Mariano se sentó a la puerta de su tienda bien pertrechado de puros (dentro de la tienda le habrían multado), varios ejemplares del Marca y un televisor portátil en el que se sintonizara Teledeporte. Y esperó, y esperó y al fin un muerto pasó. Pero el difunto ya no era su enemigo, pues había sido reemplazado por otro. De modo que Mariano hizo un pan como unas tortas, y muchos empezaron a temer que tendría que volver a sentarse varios años más y encima sin puros ni Marca, los primeros porque ya se los había fumado todos y los segundos porque se los había aprendido de memoria de tanto esperar. Menos mal que siempre quedará el Teledeporte. O no.

 

Las encuestas que se publican estos días indican que el Zapasoe ha remontado distancias en cuanto el cadáver político de ZP ha sido expuesto en los altares laicos de Ferraz, consumando así una jugada maestra; los progres vuelven a tener esperanzas, mientras que al PP sólo le queda una, aquella precisamente que avisó de los riesgos de confiarse en exceso. Muchos izquierdistas necesitaban convencerse de que es posible votar socialista otra vez y ya han encontrado la excusa. Ahora se precisa, por tanto, un cambio de estrategia en el PP, porque el enemigo a batir es otro y encima no se sabe quién, si bien la maquinaria propagandística ya se encargará con prontitud de que sea bien conocido y notorio.

 

No se ganan elecciones yendo a la SER a buscar un voto de izquierdas que nunca llegará. Se ganan haciendo una oposición firme y férrea, planteando —aunque se pierda— una moción de censura para debilitar al agónico gabinete zapateresco, yendo a las manifestaciones de las víctimas del terrorismo, denunciando y criticando sin descanso los gravísimos errores y despropósitos cometidos en estos siete años de talante. Se ganan elecciones, en fin, ejerciendo de líder ante el pueblo y suscitando ilusiones, demostrando que el cambio es posible y deseable y dándole de paso buena leña al mono y al Bono. Aunque no lo creas, Mariano, muchos quisiéramos votarte pero no nos das ocasión.

 

Tuvo al adversario en el suelo, pero dejó que se levantara antes de que tocara la campana. Esperemos que ahora la campana no suene en sentido contrario.

 

Por el EMPERADOR (Ttesk)

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